Muy pocas traducciones al inglés

Ya que el inglés no es mi lengua materna, soy muy consciente de las dificultades y de la importancia de las traducciones.

Hablemos primero de las dificultades. Las narraciones que proceden de una cierta cultura dependen fuertemente de referencias lingüísticas y culturales que puede que no se trasladen demasiado bien a otro idioma; y la prosa en sí misma, la voz del autor, también está fuertemente ligada al idioma. Trasladar todo esto (o su mayor parte) a otra lengua sin usar cientos de notas al pie y manteniendo una narración apasionante y envolvente es un auténtico reto: no quiero idealizar la tarea de la traducción, por supuesto, pero creo que es un arte no suficientemente apreciado y pienso que los traductores merecen el aprecio tanto de los escritores como de los lectores.

En segundo lugar, la importancia de las traducciones. Leer ficción escrita en otros idiomas y otras tradiciones es una estupenda forma de expandir nuestros horizontes y nuestra mente y si no dominas varios idiomas (algo que, asumámoslo, no es demasiado frecuente; yo me defiendo en tres, pero porque tuve la suerte de aprenderlos de pequeña) las traducciones son un modo maravilloso de descubrir esas tradiciones y esas fantásticas novelas que el resto del mundo está disfrutando.

Leer traducciones al inglés es un modo de equilibrar la balanza: el cincuenta por ciento de las traducciones se hace del inglés a otros idiomas (pensad sólo por un momento en cuántos idiomas hay en el mundo y en qué poco espacio deja eso para las traducciones entre idiomas diferentes del inglés); y muy pocas traducciones se hacen al inglés desde otros idiomas (he buscado datos: el consenso general es que el porcentaje está por debajo del 3% y eso es contando todos los géneros; aunque recientemente he tenido el placer de leer Vita Nostra, de Marina y Sergey Dyanchenko, y The Three-Body Problem, de Liu Cixin). Simplemente, la cosa no está equilibrada. Lo veo en la literatura fantástica, con las estanterías de las librerías francesas copadas por lo último de GRR Martin o de Stephen King en lugar de por autores locales.

Proyectos como Castillos en el aire son una buena forma de ayudar a solucionar estos problemas y espero que esta antología sea un gran, gran éxito.

Aliette de Bodard

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