Traducción: un acto de malabarismo

Como miembro del equipo de CASTLES IN SPAIN, se me ha pedido que escriba unas palabras sobre cómo trabajamos los traductores. En lugar de tratar de hablar de otros, creo conveniente comentar cómo me acerco yo a la traducción. Trato con textos de muchos tipos, y cuando accedo a un nuevo proyecto la primera consideración que realizo es saber a qué tipo de texto pertenece y cuál es su propósito.

Si se trata de un contrato, o un artículo expositivo cuya intención es informar al lector, el objetivo de mi traducción es ser fiel al contenido, ceñirme a los hechos exactos sin cambiar, añadir o suprimir nada.

Si, por el contrario, es un anuncio para un viaje de placer u otro producto o servicio de lujo, la escritura puede ser puramente atmosférica con muy pocos hechos; aquí, el propósito del original es crear un efecto en la mente del lector, en lugar de informar acerca de detalles precisos. Mi objetivo en este tipo de proyectos es volver a crear el mismo efecto en la mente del nuevo lector y puede que tenga que utilizar un estilo diferente o un conjunto diferente de imágenes para lograrlo.

En algunos géneros, la forma del original es de suma importancia. Con la poesía, por ejemplo, un lector puede sentirse estafado si un soneto se traduce como verso libre, o si un haiku se convierte en un dizain. Obviamente, yo trato de ser lo más fiel posible al original, pero puedo sentir justificado sacrificar algunos elementos del texto para mantener la forma.

Y luego está la ficción, que generalmente combina aspectos de todas las situaciones que acabo de describir. Cuando hay un hilo narrativo, los hechos y la secuencia de la trama son importantes y deben ser conservadas. Pero cuando leemos una novela o un cuento corto, a menudo es la voz narrativa la que nos domina y nos hace más adelante querer buscar más obras del mismo autor; el estilo y la forma del texto, incluyendo el tipo de léxico y la longitud de oraciones, párrafos, capítulos, etc., juegan un papel integral en la experiencia del lector y le estaríamos engañando si no intentáramos  conservarlos en nuestra traducción.

La tarea del traductor es recrear en la medida de lo posible, contar la misma historia de la misma manera. Pero a menudo es imposible encontrar equivalencias exactas entre el idioma de origen y destino, así que en realidad constituye un acto de equilibrio. Pisamos un camino difícil, haciendo malabares entre el estilo, la forma y el contenido, tratando de alcanzar el equilibrio y hacer justicia al escrito original.

Gwyneth Box

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